CONCEPTOS -INTRODUCCIÓN PRIMER PARTE .
Introducción:
El concepto de adicción
Dr. Josep Guardia Serecigni.
Adicción, del latín addictio.
Hábito que domina la voluntad de una persona.
Dependencia de una sustancia, una actividad
o una relación.
El término adicción puede considerarse
como equivalente a un grave trastorno por
consumo de sustancias, según lo define
el Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders, Fifth Edition [Manual de
Diagnóstico y Estadísticas de los Trastornos
Mentales, quinta edición] (DSM-5, 2013).
El alcohol y las drogas “gustan” porque activan
el circuito de recompensa cerebral y producen
inmediatamente sensaciones agradables de
bienestar, euforia o relajación. Pero, a diferencia
de los alimentos o del agua, no producen “saciedad”
sino más bien el efecto contrario, que lleva
a repetir su consumo y a un deterioro del
autocontrol, con el consiguiente riesgo de un
consumo excesivo, que suele estar asociado
a consecuencias negativas.
Comprender la peligrosidad del alcohol, el tabaco y
las drogas, resulta más sencillo cuando se comprende
bien el concepto de adicción. Muchas personas creen
que el consumo moderado de estas sustancias adictivas
no resulta peligroso y que, por tanto, un consumo
“responsable” es siempre seguro. Esta creencia
errónea probablemente está basada en la idea de que
las personas somos capaces de controlar el funcionamiento
de nuestro cerebro, cuando en realidad no
siempre es así. De hecho, muchas funciones de nuestro
cerebro están fuera de nuestro control voluntario.
Por ejemplo, la respiración, la frecuencia cardíaca, la
respuesta sexual, conciliar el sueño. Es más, cuando
intentamos controlar voluntariamente estas funciones,
es probable que empeoren, en comparación a
cuando dejamos que se produzcan de manera espontánea.
Otra creencia errónea sería que el cerebro que
funciona bien es siempre “responsable”, “controla” el
comportamiento y, por tanto, todas las personas pueden
consumir cualquier sustancia con “moderación”,
si se lo proponen seriamente.
El concepto de adicción, como una enfermedad del
cerebro o como un mal funcionamiento (disfunción)
del cerebro, es más fácilmente comprensible para
drogas como la heroína o la cocaína, pero menos para
el tabaco y, todavía menos para las bebidas alcohólicas.
Tal vez porque la mayoría de personas que toman
bebidas alcohólicas lo hacen con moderación y no
desarrollan una adicción, cuesta de comprender que
otras personas no puedan controlar su consumo de
bebidas alcohólicas.
Tabaco, alcohol y drogas activan el circuito que
procesa la recompensa cerebral. Es decir, activan un
circuito cerebral del que la naturaleza ha dotado a los
mamíferos para facilitar el aprendizaje de conductas
que son imprescindibles para su supervivencia
individual (como la nutrición y la hidratación) o bien
de la especie (como la búsqueda de pareja y la reproducción).
Pero el funcionamiento fisiológico (es decir
normal) de este circuito se activa con cantidades
muy pequeñas de determinados neurotransmisores
que fabrica el propio cerebro, como la dopamina o
los opioides endógenos. En cambio, alcohol, tabaco
y otras drogas producen una gran liberación de
dichos neurotransmisores que producen un impacto
suprafisiológico (es decir, mucho mayor que el de
los reforzadores naturales) sobre el circuito de la
recompensa cerebral, lo cual queda bien grabado en
la memoria emocional. Además, si dicho impacto
se va repitiendo puede desestabilizar el equilibrio
natural de estos sistemas de neurotransmisión y
circuitos cerebrales que intervienen en el control de
la conducta de auto-administración de sustancias.
El funcionamiento normal de muchas estructuras
del cerebro está basado en la acción contrapuesta
de receptores cerebrales que tienen efectos antagó-
nicos y que mantienen un funcionamiento equilibrado
del sistema. Como sucede con los receptores
GABA (inhibitorios) y los de glutamato (excitatorios).
O también con los receptores mu opioides
(cuya activación produce euforia) y los kappa opioides
(que producen disforia).
El cerebro no funciona básicamente por activación
sino más bien por inhibición y “filtrado” de su
actividad de base. Este filtrado optimiza funciones
que van desde las más sencillas y automáticas como
la motricidad, hasta otras más complejas como el
pensamiento, el razonamiento y las emociones.
El comportamiento sería el producto resultante
final de la integración de estas diversas funciones.
Un cerebro que funciona bien sería, por tanto, un cerebro
que “filtra” bien su actividad espontánea. Es
decir, que es capaz de inhibir los comportamientos
inapropiados, en función del contexto o situación
en el que la persona se encuentra en cada momento.
Sin embargo, la enfermedad adictiva interfiere sobre
determinadas funciones complejas del cerebro y
resulta una conducta adictiva.
Las sustancias adictivas producen un efecto de Tolerancia.
El efecto que se consigue con la dosis inicial
(tranquilizador, inductor del sueño, estimulante…)
va disminuyendo, lo cual obliga al consumidor
a un incremento progresivo de las dosis, con
la finalidad de conseguir mantener la intensidad
del efecto deseado. Esta necesidad de conseguir un
mayor efecto suele llevar además al consumo simultáneo
de otros medicamentos, drogas y alcohol que,
todos a la vez y a dosis elevadas, pueden causar una
sobredosis mortal.
Otra de sus características es el efecto de Rebote. La
persona que utiliza una determinada sustancia para
tranquilizarse, suele sentirse todavía más nerviosa
que antes de tomarla, cuando finaliza su efecto
farmacológico y la que la utiliza como estimulante
se va “hundiendo” cada vez más y necesita volver y
volver a tomar, pensando que de esta manera estará
cada vez mejor, cuando en realidad lo que consigue
es sentirse cada vez peor.
La Enfermedad Adictiva se caracteriza por
dos síntomas fundamentales:
Un estado de necesidad biológica de auto-administrarse
la sustancia (o sustancias diversas) de la cual se ha desarrollado
adicción.
Una dificultad para controlar el consumo de dichas sustancias,
que conduce al consumo excesivo y que, a su vez,
produce consecuencias negativas (familiares, laborales,
sociales o también para la salud corporal y mental).

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